domingo, 16 de octubre de 2022

Don Quijote de la Mancha (Segunda Parte) (Miguel de Cervantes Saavedra, 1615)

 

¡Oh gloriosos Don Quijote y Sancho Panza!


Don Miguel de Cervantes Saavedra dio término a las andanzas de Don Quijote y Sancho Panza en la legendaria España con un nuevo libro "Segvnda Parte del ingenioso cavallero Don Qvixote de la Mancha"

Publicado en 1615, un año después de la aparición del libro apócrifo de un tal Alonso Fernández de Avellaneda, de la villa de la Tordesillas llamado "El segundo tomo del Ingenioso hidalgo Don Qvixote de la Mancha".

Pero volvamos al libro del genio de Cervantes. En esta segunda parte, Cide Hamete Benengeli, el autor de esta famosísimo y verídica historia, introduce a muchos nuevos personajes y a uno en especial: el bachiller Sansón Carrasco, personaje clave para trocar en infortunio las aventuras de Don Quijote y Sancho Panza. Un personaje al que no le perdonaré lo que hizo.

Esta segunda parte, que corresponde a la tercera salida de DQ y Sancho Panza, está llena de infinitas e inolvidables aventuras que en cada una confirmaban el valor y la bondad de Don Quijote y la simpleza y astucia de su fiel escudero Sancho Panza.

Mencionaré algunos episodios formidables como el enfrentamiento que Don Quijote tuvo con un león tras lo cual don Quijote trocó su apelativo a El caballero de los leones; dus enfrentamientos con el caballero de los espejos y el caballero de la blanca luna; su descenso a la cueva de Montesinos donde don Quijote vió increíbles cosas muy verídicas; el viaje en el alado caballo Clavileño hasta alturas inimaginables para desencantar a la dolorida princesa Trifaldi y a donde Sancho Panza llegó a ver a las siete cabrillas del firmamento; las aventuras de Sancho Panza como gobernador de la ínsula Barataria; las discreciones de don Quijote y las del mismo Sancho; los infinitos refranes de Sancho Panza, la boda de Camacho y el inesperado desenlace de Don Basilio; los consejos de Don Quijote a Sancho Panza para tener un buen gobierno; las incontables burlas que crearon la duquesa y el duque, la muerte de Altisidora y la manera mágica de devolverle a la vida así como la manera en que teníase que hacer para desencantar a Dulcinea, todo gracias al sufrimiento de las carnes de Sancho Panza y un sinfín de aventuras más.

Sin duda alguna tanto la primera como esta segunda parte forma una amalgama de lo que representa Don Quijote y Sancho, una inmarcesible fuente de inspiración para que la humanidad haga más el bien y menos el mal. 

Dejo aquí un fragmento de los consejos que dió Don Quijote a Sancho Panza para ser un buen gobernador:

"-Infinitas gracias doy al cielo, Sancho amigo, de que, antes y primero que yo haya encontrado con alguna buena dicha, te haya salido a ti a recebir y a encontrar la buena ventura. Yo, que en mi buena suerte te tenía librada la paga de tus servicios, me veo en los principios de aventajarme, y tú, antes de tiempo, contra la ley del razonable discurso, te vees premiado de tus deseos. Otros cohechan, importunan, solicitan, madrugan, ruegan, porfían, y no alcanzan lo que pretenden; y llega otro, y sin saber cómo ni cómo no, se halla con el cargo y oficio que otros muchos pretendieron; y aquí entra y encaja bien el decir que hay buena y mala fortuna en las pretensiones. Tú, que para mí, sin duda alguna, eres un porro, sin madrugar ni trasnochar y sin hacer diligencia alguna, con solo el aliento que te ha tocado de la andante caballería, sin más ni más te vees gobernador de una ínsula, como quien no dice nada. Todo esto digo, ¡oh Sancho!, para que no atribuyas a tus merecimientos la merced recebida, sino que des gracias al cielo, que dispone suavemente las cosas, y después las darás a la grandeza que en sí encierra la profesión de la caballería andante. Dispuesto, pues, el corazón a creer lo que te he dicho, está, ¡oh hijo!, atento a este tu Catón, que quiere aconsejarte y ser norte y guía que te encamine y saque a seguro puerto deste mar proceloso donde vas a engolfarte; que los oficios y grandes cargos no son otra cosa sino un golfo profundo de confusiones.

Primeramente, ¡oh hijo!, has de temer a Dios, porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada. Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey, que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra.
...
los no de principios nobles deben acompañar la gravedad del cargo que ejercitan con una blanda suavidad que, guiada por la prudencia, los libre de la murmuración maliciosa, de quien no hay estado que se escape. Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores; porque, viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte; y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio. Inumerables son aquellos que, de baja estirpe nacidos, han subido a la suma dignidad pontificia e imperatoria; y desta verdad te pudiera traer tantos ejemplos, que te cansaran. Mira, Sancho: si tomas por medio a la virtud, y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que los tienen de príncipes y señores, porque la sangre se hereda y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale. Siendo esto así, como lo es, que si acaso viniere a verte cuando estés en tu ínsula alguno de tus parientes, no le deseches ni le afrentes; antes le has de acoger, agasajar y regalar, que con esto satisfarás al cielo, que gusta que nadie se desprecie de lo que él hizo, y corresponderás a lo que debes a la naturaleza bien concertada. Si trujeres a tu mujer contigo (porque no es bien que los que asisten a gobiernos de mucho tiempo estén sin las propias), enséñala, doctrínala y desbástala de su natural rudeza, porque todo lo que suele adquirir un gobernador discreto suele perder y derramar una mujer rústica y tonta. Si acaso enviudares, cosa que puede suceder, y con el cargo mejorares de consorte, no la tomes tal, que te sirva de anzuelo y de caña de pescar, y del no quiero de tu capilla, porque en verdad te digo que de todo aquello que la mujer del juez recibiere ha de dar cuenta el marido en la residencia universal, donde pagará con el cuatro tanto en la muerte las partidas de que no se hubiere hecho cargo en la vida. Nunca te guíes por la ley del encaje, que suele tener mucha cabida con los ignorantes que presumen de agudos. Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia, que las informaciones del rico. Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico, como por entre los sollozos e importunidades del pobre. Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente, que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo. Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia. Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún tu enemigo, aparta las mientes de tu injuria y ponlas en la verdad del caso. No te ciegue la pasión propia en la causa ajena, que los yerros que en ella hicieres, las más veces, serán sin remedio; y si le tuvieren, será a costa de tu crédito, y aun de tu hacienda. Si alguna mujer hermosa veniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera de espacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros. Al que has de castigar con obras no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones. Al culpado que cayere debajo de tu juridición considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstratele piadoso y clemente, porque, aunque los atributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia que el de la justicia. Si estos preceptos y estas reglas sigues, Sancho, serán luengos tus días, tu fama será eterna, tus premios colmados, tu felicidad indecible, casarás tus hijos como quisieres, títulos tendrán ellos y tus nietos, vivirás en paz y beneplácito de las gentes, y en los últimos pasos de la vida te alcanzará el de la muerte, en vejez suave y madura, y cerrarán tus ojos las tiernas y delicadas manos de tus terceros netezuelos. Esto que hasta aquí te he dicho son documentos que han de adornar tu alma;"

Dejo aquí un texto que Dostoievski le dedicó al Don Quijote de la Mancha en su Diario de un escritor:

"¡Ah, estamos hablando de un gran libro, no de esos que se escriben en nuestros días! Libros así sólo se le conceden a la humanidad cada varios siglos. Y en cada página de ese libro se encuentran observaciones sobre los aspectos más profundos de la naturaleza humana....
¡Cuán de desear sería que nuestra juventud conociera a fondo esas grandiosas producciones de la literatura universal! No sé lo que enseñan ahora en las clases de literatura, pero el conocimiento de ese libro, el más grande y más triste de cuantos ha creado el genio humano, elevaría sin duda el alma de los jóvenes merced a la grandeza de su pensamiento, despertaría en su corazón profundos interrogantes y contribuiría a apartar su espíritu de la adoración del eterno y estúpido ídolo de la mediocridad, la fatuidad autosatisfecha y la insulsa sensatez. El hombre no olvidará llevar consigo ese libro, el más triste de todos, el día del Juicio Final. Mostrará el más profundo y fatal misterio del hombre y de la humanidad, revelado por ese libro."

sábado, 8 de octubre de 2022

Oblómov (Iván Goncharov, 1859)



Si uno empieza a citar de memoria a los grandes escritores rusos del siglo XIX o también llamado el siglo de oro de la literatura rusa, es muy probable que se nos olvide mencionar a Iván Goncharov. Sin embargo bien merece formar parte de la pléyade de autores de una calidad literaria superior que con su novela Oblómov lo ha demostrado de principio a fin.

A Oblómov lo leí en dos ediciones, un tramo bajo la traducción de Luis Enrique Juan y luego bajo la traducción de Lida Kúper, esta última en la editorial Alba. Ambas traducciones son similares, aunque en la de Kúper encontré un par de expresiones, propias del español hablado en la península ibérica ( por ejemplo la expresión; -¡Hala, fastidiaros! -exclamó sonriente Zajar... p. 615)

De la traductora:
Lydia Kúper de Velasco (Lodz, 21 de agosto de 1914 - Madrid, 8 de febrero de 2011) fue una traductora hispano-polaca de origen ruso. Formó parte del Grupo de Moscú, que integraron Arnaldo Azzati, Isabel Vicente, José Laín Entralgo o Augusto Vidal, y que se encargó de traducir las grandes obras de la literatura universal rusa. Entre otros autores tradujo obras de León Tolstói, Fiódor Dostoyevski, Iván Goncharov, Antón Makárenko, Vladímir Makanin, Borís Pasternak, Aleksandr Pushkin o Ósip Mandelshtam.

De la portada:
La editorial Alba presenta al libro con una bella portada, se trata de la pintura El rincón de los perezosos del sueco Carl Larsson (1897).


Argumento:
Oblómov es un joven terrateniente ruso que vive de la herencia de sus padres en un piso alquilado de la calle Gorojovaia en San Petersburgo, posee un criado llamado Zajar y se la pasa todo el día dentro de su dormitorio sin interesarse por el mundo exterior. Èl está a gusto acostado en su cama, dependiendo de su criado para todo, incluso para sacarse las botas.
Su amigo Shtolz, un joven ruso de ascendencia alemana es muy distindo a él, mientras Oblómov representa la inactividad, Shtolz representa la vida activa, el trabajo constante, el movimiento sin descanso. Es Shtolz cuyo ímpetu por darle a su amigo Oblómov otro tipo de vida, una vida activa, lo hace salir de su piso y frecuentar a la sociedad.
Fruto de las constantes reuniones, Oblómov conoce a Olga, una jovencita soñadora amiga de Shtolz. Las frecuentes visitas entre ambos hará que surja entre ellos unos sentimientos nuevos que los hará crecer y autodescubrirse. La bondad de Oblómov termina siendo aprovechada por personajes de mala entraña para estafarle. Luego de sufrir diferentes situaciones y salir a flote gracias a Shtolz, finalmente Oblómov termina viviendo en el barrio de Vygord, junto a Agafia Matveievna, una mujer hacendosa y trabajadora, Zajar, Anisia (la mujer de Zajar), entre otros personajes.

Puntos resaltantes:
La prosa.- Goncharov se destaca como un gran novelista que no escatima en utilizar tantas líneas como sea posible para transmitir los sentimientos, pensamientos, reflexiones de los personajes, el autor se destaca como un gran maestro de la construcción de los diálogos. Y el estilo del autor revela un conocimiento profundo del lenguaje. Cada página leída es un viaje sereno sobre un mar calmo.

Los personajes.- Goncharov esculpe a los personajes-tipos de manera muy marcada y diferenciales entre sí para contrastar los diferentes caminos que cada uno irá tomando a lo largo de sus vidas. Definitivamente cada uno ellos llegará a un destino producto de su concepción de la vida que poseen. Allí tenemos a Oblómov, Shtolz, Olga o Agafia; pero también no olvidemos a Zahar o a Tarantiev o Matvei. Oblómov y Agafia Madveievna son unos personaje entrañables.

El tema: Un de los tantos temas presentados en la novela es la confrontación entre la actividad y la inactividad. Shtolz y Oblómov son los máximos representantes de estos polos, respectivamente. No hay manera de definir lo que es Oblómov, es tan único que el narrador solo le queda definir que lo que tiene Oblómov es oblomovismo, termino clave que dió origen a múltiples análisis por parte de la crìtica o estudiosos luego publicarse el libro. También en la novela se reproducen dos tipo de mujer, Olga representante de la mujer soñadora, hambrienta de conocer el mundo y vivir a pleno y por otro lado, Agafia Matveievna, una mujer cuya preocupación únicamente se centra en los quehaceres del hogar. El narrador contrasta claramente dos mundos que se oponen entre sí, el mundo dominado por la actividad y el progreso y el mundo del sosiego y quietud apacible.

El narrador.- Desconocido, pero una pista es arrojada en el último capítulo.

Un pasaje, hay varios que resaltar, he aquí uno sobre Oblómov:
-...¿Quieres que te diga por qué sientes aún cariño por él? (Shtolz le pregunta a Olga)
Olga asintió con la cabeza.
-Porque tiene una cualidad que vale más que toda inteligencia: ¡un corazón honrado y fiel! Ha conservado esos dones naturales a lo largo de toda su vida. Sufrió toda clase de golpes que le hicieron caer, perder las ilusiones, permanecer inactivo, y al fin, desencantado de todo y sin ganas de vivir, se refugió en el sueño, pero conservó su honradez y su bondad. Ni una sola nota falsa brotó de su corazón, ni se marchó de lodo. Nunca se dejará seducir por una mentira engalanada ni nada le hará seguir un camino falso. Aunque se agite a su alrededor todo un océano de maldad y vileza, aunque todo el mundo estè envenenado y gire al revés, Oblómov jamás rendirá culto al ídolo de la hipocresía. Su alma seguirá siendo pura, honesta y clara...transparente como el cristal. Hay pocas personas como él, son tan escasas como perlas en medio de una muchedumbre. Su corazón es insobornable, se puede confiar en él siempre y en todo...
Oblómov es una bella novela muy recomendable que se disfruta de principio a fin.

Sobre el autor: 


Ivan Alexandrovich Goncharov ( 6 (18) de junio de 1812 , Simbirsk , Imperio Ruso - 15 (27) de septiembre de 1891, San Petersburgo, Imperio Ruso) - Escritor y crítico literario ruso. Miembro correspondiente de la Academia de Ciencias de San Petersburgo en la categoría de lengua y literatura rusas(1860), consejero de estado.

viernes, 23 de septiembre de 2022

Don Quijote de la Mancha (Primera parte) (Miguel de Cervantes Saavedra, 1605)

 


"En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; aunque, por conjeturas verosímiles, se deja entender que se llamaba Quejana. Pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.
Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso, que eran los más del año, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda. Y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva, porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura. Y también cuando leía: ...los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza.
Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello. No estaba muy bien con las heridas que don Belianís daba y recebía, porque se imaginaba que, por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales. Pero, con todo, alababa en su autor aquel acabar su libro con la promesa de aquella inacabable aventura, y muchas veces le vino deseo de tomar la pluma y dalle fin al pie de la letra, como allí se promete; y sin duda alguna lo hiciera, y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estorbaran. Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar -que era hombre docto, graduado en Sigüenza-, sobre cuál había sido mejor caballero: Palmerín de Ingalaterra o Amadís de Gaula; mas maese Nicolás, barbero del mesmo pueblo, decía que ninguno llegaba al Caballero del Febo, y que si alguno se le podía comparar, era don Galaor, hermano de Amadís de Gaula, porque tenía muy acomodada condición para todo; que no era caballero melindroso, ni tan llorón como su hermano, y que en lo de la valentía no le iba en zaga.
En resolución, él se enfrascó tanto en su letura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo."

Así inicia la mejor de las novelas de todos los tiempos, en mi opinión.

Alonso Quijano leyó por años novelas de caballerías lo que lo influyó por completo a tal punto de cambiar su visión del mundo y decidir renunciar a su vida para mudar otra convertido en un caballero andante tomando como modelo los grandes héroes de aquellas novelas como Amadís de Gaula o Palmerin de Inglaterra para convertirse en Don Quijote de la Mancha. Poco después elige a Sancho Panza para que le sirva de escudero, el uno sobre Rocinante y el otro sobre su jumento empezarán las innumerables aventuras disparatadas y muy verídicas narradas por el historiador musulmán Cide Hamete Benengeli.

La bravura y el corazón puro de Don Quijote, que vive eternamente enamorado de Dulcinea del Toboso (Aldonza Lorenzo) junto con la simpleza e ingenuidad de Sancho Panza recorren los caminos de la Mancha, Sierra Morena y otros lugares donde encontrarán las más curiosísimas aventuras.

Algunos episodios por mencionar son el encuentro con los gigantes (molinos de viento), la arremetida contra los ejércitos (rebaño de ovejas), la liberación de los galeotes, el caso de Grisóstomo y Marcela, el relato de la liberación morisca, la historia de Cardenio y Luscinda, de Fernando y Dorotea, de la penitencia del Quijote en Sierra Morena, de la aparición de la Princesa Micomicona del reino de Micomicón.

Asimismo es notable el discurso del Quijote sobre las armas y las letras.
"Quítenseme delante los que dijeren que las letras hacen ventaja a las armas, que les diré, y sean quien se fueren, que no saben lo que dicen. Porque la razón que los tales suelen decir, y a lo que ellos más se atienen, es que los trabajos del espíritu exceden a los del cuerpo, y que las armas sólo con el cuerpo se ejercitan, como si fuese su ejercicio oficio de ganapanes, para el cual no es menester más de buenas fuerzas; o como si en esto que llamamos armas los que las profesamos no se encerrasen los actos de la fortaleza, los cuales piden para ejecutallos mucho entendimiento; o como si no trabajase el ánimo del guerrero que tiene a su cargo un ejército, o la defensa de una ciudad sitiada, así con el espíritu como con el cuerpo. Si no, véase si se alcanza con las fuerzas corporales a saber y conjeturar el intento del enemigo, los disignios, las estratagemas, las dificultades, el prevenir los daños que se temen; que todas estas cosas son acciones del entendimiento, en quien no tiene parte alguna el cuerpo. Siendo pues ansí, que las armas requieren espíritu, como las letras, veamos ahora cuál de los dos espíritus, el del letrado o el del guerrero, trabaja más. Y esto se vendrá a conocer por el fin y paradero a que cada uno se encamina, porque aquella intención se ha de estimar en más que tiene por objeto más noble fin. Es el fin y paradero de las letras..., y no hablo ahora de las divinas, que tienen por blanco llevar y encaminar las almas al cielo, que a un fin tan sin fin como éste ninguno otro se le puede igualar; hablo de las letras humanas, que es su fin poner en su punto la justicia distributiva y dar a cada uno lo que es suyo, entender y hacer que las buenas leyes se guarden. Fin, por cierto, generoso y alto y digno de grande alabanza, pero no de tanta como merece aquel a que las armas atienden, las cuales tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida. Y así, las primeras buenas nuevas que tuvo el mundo y tuvieron los hombres fueron las que dieron los ángeles la noche que fue nuestro día, cuando cantaron en los aires:
''Gloria sea en las alturas, y paz en la tierra, a los hombres de buena voluntad''; y a la salutación que el mejor maestro de la tierra y del cielo enseñó a sus allegados y favoridos, fue decirles que cuando entrasen en alguna casa, dijesen: ''Paz sea en esta casa''; y otras muchas veces les dijo: ''Mi paz os doy, mi paz os dejo: paz sea con vosotros'', bien como joya y prenda dada y dejada de tal mano; joya que sin ella, en la tierra ni en el cielo puede haber bien alguno. Esta paz es el verdadero fin de la guerra, que lo mesmo es decir armas que guerra. Prosupuesta, pues, esta verdad, que el fin de la guerra es la paz, y que en esto hace ventaja al fin de las letras, vengamos ahora a los trabajos del cuerpo del letrado y a los del profesor de las armas, y véase cuáles son mayores."
Asimismo es de resaltar la apreciación del canónigo y el cura sobre qué es la literatura, diferenciando los buenos y malos autores y los buenos y malos lectores.

"-Yo, a lo menos -replicó el canónigo-, he tenido cierta tentación de hacer un libro de caballerías, guardando en él todos los puntos que he significado; y si he de confesar la verdad, tengo escritas más de cien hojas. Y para hacer la experiencia de si correspondían a mi estimación, las he comunicado con hombres apasionados desta leyenda, dotos y discretos, y con otros ignorantes, que sólo atienden al gusto de oír disparates, y de todos he hallado una agradable aprobación; pero, con todo esto, no he proseguido adelante, así por parecerme que hago cosa ajena de mi profesión, como por ver que es más el número de los simples que de los prudentes; y que, puesto que es mejor ser loado de los pocos sabios que burlado de los muchos necios, no quiero sujetarme al confuso juicio del desvanecido vulgo, a quien por la mayor parte toca leer semejantes libros. Pero lo que más me le quitó de las manos, y aun del pensamiento, de acabarle, fue un argumento que hice conmigo mesmo, sacado de las comedias que ahora se representa, diciendo: ''Si estas que ahora se usan, así las imaginadas como las de historia, todas o las más son conocidos disparates y cosas que no llevan pies ni cabeza, y, con todo eso, el vulgo las oye con gusto, y las tiene y las aprueba por buenas, estando tan lejos de serlo, y los autores que las componen y los actores que las representan dicen que así han de ser, porque así las quiere el vulgo, y no de otra manera; y que las que llevan traza y siguen la fábula como el arte pide, no sirven sino para cuatro discretos que las entienden, y todos los demás se quedan ayunos de entender su artificio, y que a ellos les está mejor ganar de comer con los muchos, que no opinión con los pocos, deste modo vendrá a ser un libro, al cabo de haberme quemado las cejas por guardar los preceptos referidos, y vendré a ser el sastre del cantillo''. Y, aunque algunas veces he procurado persuadir a los actores que se engañan en tener la opinión que tienen, y que más gente atraerán y más fama cobrarán representando comedias que hagan el arte que no con las disparatadas, y están tan asidos y encorporados en su parecer, que no hay razón ni evidencia que dél los saque. Acuérdome que un día dije a uno destos pertinaces: ''Decidme, ¿no os acordáis que ha pocos años que se representaron en España tres tragedias que compuso un famoso poeta destos reinos, las cuales fueron tales, que admiraron, alegraron y suspendieron a todos cuantos las oyeron, así simples como prudentes, así del vulgo como de los escogidos, y dieron más dineros a los representantes ellas tres solas que treinta de las mejores que después acá se han hecho?'' ''Sin duda -respondió el autor que digo-, que debe de decir vuestra merced por La Isabela, La Filis y La Alejandra''. ''Por ésas digo -le repliqué yo-; y mirad si guardaban bien los preceptos del arte, y si por guardarlos dejaron de parecer lo que eran y de agradar a todo el mundo. Así que no está la falta en el vulgo, que pide disparates, sino en aquellos que no saben representar otra cosa."

También en El Quijote encontramos una novela llamada 'El curioso impertinente' una historia entre dos buenos amigos (Anselmo y Lotario) y Camila (esposa de Anselmo) que no por ser entretenida carezca de sabios consejos.

En fin, que el libro tiene de todo. Novela picaresca, pastoril y de caballería. Cervantes reúne varios géneros haciendo un deleite la lectura del libro.

Oh Don Quijote, 'El caballero de la triste figura', que decidiste ser caballero para arreglar los males del mundo teniendo como guía Dios, como compañero su escudero Sancho Panza y como inspiración su bien amada Dulcinea del Toboso.

"A esto respondió el labrador:
-Mire vuestra merced, señor, pecador de mí, que yo no soy don Rodrigo de Narváez, ni el marqués de Mantua, sino Pedro Alonso, su vecino; ni vuestra merced es Valdovinos, ni Abindarráez, sino el honrado hidalgo del señor Quijana.
-Yo sé quién soy -respondió don Quijote-; y sé que puedo ser no sólo los que he dicho, sino todos los Doce Pares de Francia, y aun todos los Nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por sí hicieron, se aventajarán las mías."

Sobre el autor:


Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 29 de septiembre de 1547-Madrid, 22 de abril de 1616) fue un novelista, poeta, dramaturgo y soldado español.

Es ampliamente considerado una de las máximas figuras de la literatura española. Fue el autor de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, novela conocida habitualmente como El Quijote, que lo llevó a ser mundialmente conocido y a la cual muchos críticos han descrito como la primera novela moderna, así como una de las mejores obras de la literatura universal, cuya cantidad de ediciones y traducciones solo es superada por la Biblia. A Cervantes se le ha dado el apelativo de «Príncipe de los Ingenios».

Sobre el editor:



Francisco Rico Manrique (Barcelona, 28 de abril de 1942) es un filólogo y académico de la lengua española.

Ha editado clásicos medievales y del Siglo de Oro español, en especial el Quijote, y ha escrito sobre literatura e historia medieval y renacentista, con particular atención al Humanismo y sobre todo Petrarca. Ha dirigido asimismo la Historia y crítica de la literatura española (editada por Crítica, compuesta por nueve volúmenes, más nueve suplementos).

En la actualidad dirige la Biblioteca Clásica de la Real Academia Española, iniciada en la editorial Crítica, bajo las pautas del Centro para la Edición de los Clásicos Españoles que el propio Rico promovió y dirige.

En 1998 ganó el XII Premio Internacional Menéndez Pelayo, en el 2004 el Nacional de Investigación Ramón Menéndez Pidal, en el 2013 el Internacional de Ensayo Caballero Bonald y el Internacional Alfonso Reyes del Colegio de México.

viernes, 16 de septiembre de 2022

El punto ciego. Las conferencias Weidenfeld 2015 (Javier Cercas, 2016)

 


El libro es un análisis sobre los caminos que ha emprendido la novela moderna tomando como punto de partida la inmarcesible novela El Quijote de la Mancha del español Miguel de Cervantes Saavedra.

Javier Cercas, se considera un escritor cuya obra toma la esencia de El Quijote de la Mancha para seguir esos caminos modernos de la literatura, sus ambigüedades, contradicciones, de los planteamientos de complejas cuestiones, sin una respuesta concreta. También toma la esencia de la novela realista del siglo XIX, su estructura armónica. Dice el autor:

"Las novelas del punto ciego operan de una forma distinta, aunque en el fondo quizá no tanto. Se trata de una moderna tradición de novelas, que abarca desde las más antiguas hasta las más recientes, desde las más soberbias - el Quijote, Moby Dick o El proceso- hasta las más humildes: las que yo he escrito, por no ir muy lejos. En el centro de estas novelas hay siempre un punto ciego, un punto a través del cual no es posible ver nada. Ahora bien -y de ahí su paradoja constitutiva-, es precisamente a través del cual, en la práctica, estas novelas ven; es precisamente a través de esa oscuridad a través de la cual iluminan estas novelas; es precisamente a través de ese silencio a través del cual estas novelas se tornan elocuentes.

Podríamos decirlo de otra manera. En cierto modo el mecanismo que rige las novelas del punto ciego es muy similar, si no idéntico; al principio de todas ellas, o en su corazón, hay siempre una pregunta, y toda la novela consiste en una búsqueda de respuesta a esa pregunta central; al terminar esa búsqueda, sin embargo, la respuesta es que no hay respuesta, es decir, la respuesta es la propia búsqueda de una respuesta, la propia pregunta, el propio libro. En otras palabras: al final no hay una respuesta clara, unívoca, taxativa: solo una respuesta ambigua, equívoca, contradictoria, esencialmente irónica, que ni siquiera parece una respuesta y que solo el lector puede dar. Por eso decía que el punto ciego del ojo y el punto ciego de estas novelas no funcionan a fin de cuentas de manera tan disímil; igual que el cerebro rellena el punto ciego del ojo, permitiéndole ver donde de hecho no ve, el lector rellena el punto ciego de la novela permitiéndole conocer lo que de hecho no conoce, llegar hasta donde, por sí sola, nunca llegaría la novela"

El autor cita obras maestras de la literatura como El Quijote o Moby Dick así como autores que siguen esta tradición, según la reflexión de Cercas, como por ejemplo, Franz Kafka, Jorge Luis Borges, Mario Vargas Llosa o el checo Milan Kundera.

"...la novela no es un entretenimiento (o no solo es eso); es, sobre todo, una herramienta de investigación existencial, un utensilio de conocimiento de lo humano...

la única obligación de una novela (o por lo menos la más importante) consiste en ampliar nuestro conocimiento de lo humano, y por eso Hermann Broch afirmaba que es inmoral aquella novela que no descubre ninguna parcela de la existencia hasta entonces desconocida. 

La novela es forma... la única forma perfecta de la novela es, si acaso, la forma imperfecta pero infinitamente perfectible que concibió Cervantes.

Es mentira, lo repito, que las novelas sirvan solo para pasar el rato, para matar el tiempo; al contrario; sirven, de entrada, para hacer vivir el tiempo, para volverlo más intenso y menos trivial, pero sobre todo sirven para cambiar la forma de percepción del mundo del lector; es decir: sirven para cambiar el mundo. La novela necesita ser nueva para decir cosas nuevas; necesita cambiar para cambiarnos: para hacernos como nunca hemos sido."

Un ensayo muy interesante para quien disfrute de la literatura.

Sobre el autor:

Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) es un escritor español, que además trabaja como columnista en el diario El País. Ejerció durante años como docente universitario de filología.

Su obra es fundamentalmente narrativa y se caracteriza por la mezcla de géneros literarios, el uso de la novela testimonio y la mezcla de crónica y ensayo con ficción. A partir de su exitosa novela Soldados de Salamina (2001), su obra ha sido traducida en más de veinte países y a más de treinta idiomas.​

viernes, 2 de septiembre de 2022

Eugenia Grandet (Honoré de Balzac, 1833)



Como el mismo Balzac lo escribe en el epílogo a sus primeras ediciones, era necesario más paciencia que arte para crear esta novela, que según el, es una miniatura imperfecta de un episodio real de una provincia francesa.

Mario Vargas Llosa considera que Eugenia Grandet es una de las más hermosas novelas de La comedia humana

Fiódor Dostoievski fue un gran admirador de la obra de Balzac, tanto así que tradujo al ruso Eugenia Grandet en los años de su juventud, antes de escribir su primera novela Pobre gente.

En ese sentido, haber leído una obra tan apreciada por escritores tan admirables es gratificante.

Eugenia Grandet es una novela que se disfruta mucho leerla. El narrador no deja pasar ningún detalle trazando una fisiología muy completa de la vida en la región de Saumur, construyendo unos personajes entrañables, con sus propias formas de ver el mundo, y un estilo narrativo exquisito. 

Honoré de Balzac, pone en juego fundamentalmente dos formas de ver el mundo, la primera desde una perspectiva capitalista, materialista con un egoísmo y una ambición por el dinero a ultranza (representación del cuarto círculo del infierno de Dante) enfrentados con otra visión del mundo, la segunda, una visión cristiana, piadosa, santa, que busca la trascendencia. 

La primera visión está representado principalmente por Félix Grandet y Charles Grandet, sobrino de éste, y la segunda visión representada por Eugenia Grandet.

Para el primer caso el dinero es un fin en sí mismo, por lo que su felicidad consiste en acumular cantidades enormes de dinero sin preocuparse de nada más sin importarle que su familia viva en la miseria.

Para el segundo caso el dinero es un medio. Un medio para poner en acción los sentimientos piadosos de un alma pura, angelical y sacrificada.

Un personaje a destacar es Charles Grandet, primo de Eugenia, quien llegó de París para quedarse un tiempo en Saumur cuyos motivos verdaderos de esa visita se entera uno después. La tragedia familiar golpeó fuerte al joven Charles, un joven mimado y criado en los lujos parisienses y que, en el dolor por la pérdida familiar, la muerte de su padre, sus sentimientos se ponen en sintonía con los piadosos sentimientos de Eugenia naciendo entre ambos el primer amor. Con el tiempo solo uno de ellos seguirá conservando esa pureza, esperanza de amor verdadero.

Charles, el hombre caído que se entregará a la codicia renunciando y traicionando lo más puro que tenía, el amor de Eugenia, es un ejemplo de la transformación que un ser humano puede sufrir si solo recorre un camino sin trascendencia, lleno del inmanente materialismo que le lleva a solo acumular la riqueza. Ese viaje a las grandes indias lo lleva a convertirse en un hombre carente de la sensibilidad de antaño y pierde por completo esa sintonía sentimental con Eugenia. Se vuelve un hombre ambicioso, codicioso, cínico, calculador.

Definitivamente Eugenia Grandet, nombre que da título a la novela, es el personaje que brilla por encima del resto por su altura moral, es ella (y también su madre y en cierta medida Nanon) quien destaca por su bondad y pureza en medio de una sociedad completamente corrompida y entregada al poder del dinero, sociedad que ha mancillado su alma por el materialismo (p. ej. Charles Grandet, y los Cruchot y des Grassins).

Como escribe Balzac en su epílogo: Entre las mujeres, quizá Eugenia Grandet sea un tipo, el de los sacrificios lanzados a través de las tempestades del mundo y que se hunden en él como una noble estatua arrebatada a Grecia y que, durante el transporte, cae al mar, donde permanecerá ignorada para siempre.

Una novela maravillosa, muy recomendable.

Sobre el autor:


HONORÉ DE BALZAC nació en 1799 en Tours, donde su padre era jefe de suministros de la división militar. La familia se trasladó a París en 1814. Allí el joven Balzac estudió Derecho, fue pasante de abogado, trabajó en una notaría y empezó a escribir: obras filosóficas y religiosas, novelas de consumo publicadas con seudónimo e incluso una tragedia en verso, Cromwell, se cuentan entre estas primeras producciones, todas ellas anteriores a 1827. Fue editor, impresor y propietario de una fundición tipográfica, pero todos estos negocios fracasaron, acarreándole deudas de las que no se vería libre en toda su vida. En 1830 publica seis relatos bajo el título común de Escenas de la vida privada, y en 1831 aparecen otros trece bajo el de Novelas y cuentos filosóficos: en estos volúmenes se encuentra el germen de La comedia humana, ese vasto «conjunto orgánico» de ochenta y cinco novelas sobre la Francia de la primera mitad del siglo XIX, cuyo nacimiento oficial no se produciría hasta 1841, a raíz de un contrato con un grupo de editores. Balzac, autor de una de las obras más influyentes de la literatura universal, murió en París en 1850.