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miércoles, 5 de octubre de 2011

Recordando Madame Bovary (Gustave Flaubert)

Lectura # 2


Madame Bovary ha sido uno de los libros que más tiempo me ha costado leérmela. Me había informado quién la escribió y sabía de la importancia de esta obra en la literatura universal, aún así una vez empezado a leerla lo desistía a los pocos días. La primera parte era un abismo para engancharme con el tema. No imaginé jamás que la gran novela empezaba relatando sobre una divertida anécdota de un tímido y nervioso adolescente recién incorporado a la escuela. Y bueno, tras estar acostumbrado a inicios distintos como en Crimen y Castigo o Los Hermanos Karamazov (obras leídas con anterioridad) me resultaba dificil seguirle el estilo a Flaubert. Así había sucedido por años. Con el tiempo la había olvidado por otras novelas. Hasta que un día me di cuenta que ya había sido mucho tiempo la postergación, por lo cual me decidí esta vez a leerla de principio a fin y no sin dificultad. Terminar la primera parte resultó ser una tarea titánica pero siempre teniendo la motivación obtenida tras leer la introducción y enterarme con mayor detalle de toda la polémica que se generó con esta novela en su tiempo. Así, pude continuar y los siguientes capítulos se hacían más interesantes hasta que de pronto sin darme cuenta ya estaba enganchado teniendo la impresión del cambio de estilo y de ponerse más picante la historia. Efectivamente puedo decir que es una gran novela, me imagino cómo Flaubert habría trabajado tanto en culminar esta joya. Varios pasajes aún están en mi mente pero uno es el que me dejó con la mandíbula colgando. Aún recuerdo ese desenlace. La pluma de Flaubert hilaba el destino final de la desesperada hasta la locura Emma Roualt más conocida como madame Bovary. Llegó agitada por la noche al almacén del farmacéutico Homais. Solo su ayudante se dió cuenta de ello y fue él quien presenció junto a nosotros los lectores la terrible decisión de Emma en ese momento. Coger el frasco de un polvo blanco, un veneno, destaparlo y con la mano llevarse cantidades de polvo a la boca frenéticamente. Fue terrible aquella escena. Pobre Emma. Pobre Charles y pobre Bertha. Lo que hacía Emma en ese instante era no sólo poner fin a su vida sino también la de sus inocentes seres queridos.

1 comentario:

  1. Bonita forma de describir el libro y sobre todo el final tan dramático que tuvo. Es cierto que suele pasar que cuando uno está acostumbrado a un estilo literario, luego leer otro se hace un poco pesado, pero siempre es bueno nutrirse de la mayor variedad posible porque al tener más referencias nuestra pluma obtiene creaciones más ricas luego. Felicitaciones Piero.

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