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martes, 12 de agosto de 2014

Contra un ignorante que compraba muchos libros (Luciano de Samósata)

Buscando y buscando encontramos autores cuya obra es tan poco difundida en las casas editoriales... y a mi me ha dejado asombrado la lucidez y mordacidad del autor...

Lectura # 43


"Y, desde luego, lo que estás haciendo ahora es lo contrario de lo que tú deseas hacer. Crees que vas a parecer ser alguién en el mundo de la cultura, porque te afanas en comprarte los mejores libros."
Así inicia este opúsculo, obra de Luciano de Samósata, escritor satírico del S. II.

Luciano de Samósata desata un feroz ataque contra "un ignorante" en cada línea del texto. 

"Pues tú tienes siempre un libro en la mano y estás constantemente leyendo, pero no entiendes ni jota de lo que lees; escuchas moviendo las orejas como un burro cuando oye la lira"
Sin reservas y con mucha sátira Luciano va dejando en el más claro ridículo a "tal ignorante".
Luciano de Samósata cita personajes que se asemejan a su condición ridícula como por ejemplo a Evángelo, Pirro el epirota o Neanto, el hijo del tirano Pítaco.

Luciano llega incluso a despotricar su comportamiento sexual, llamándola "segunda enfermedad", para cubrirlo de la mayor bajeza al "tal ignorante"
" ... pregonan -sobre ti- lo que hacéis después de beber; tal y como andaba explicando el otro día las mayores bajezas respecto de ti, un mancebo al salir de tu casa, al tiempo que enseñaba las huellas de los mordiscos"
Si Luciano viviera hasta hoy, creo que seguiría encontrando a este tipo de personajes por doquier...
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Sobre el Autor:
(Tomado de Wikipedia)



Luciano de Samοsata (en griego Λουκιανὸς ὁ Σαμοσατεύς, en latín Lucianus) (Samosata, Siria, 125 - 181), escritor sirio de expresión griega, uno de los primeros humoristas, perteneciente a la llamada Segunda sofística.

Luciano no llevó una existencia triunfal ni ignorada u oscura: vivió apaciblemente consagrado a las letras, libre de todo prejuicio y sosteniendo con entereza sus opiniones, sin ser estrictamente ni filósofo ni sofista, sino sólo un hombre de letras. Sin embargo su postura es la de un escéptico integral y un antidogmático convencido, y si se apoya alguna vez en el epicureísmo es solamente por su hostilidad hacia la religión, y lo mismo ocurre con sus simpatías por el cinismo, que obedecen a su desprecio por cualquier forma de amaneramiento y falsedad. Y, oculto y esencial por detrás de la mueca burlona, un hondo y esencial pesimismo. No se le puede comparar con Aristófanes, como se ha hecho, puesto que éste ataca personajes y costumbres en función de un sistema de firmes creencias, posee una doctrina y un ideal, mientras que Luciano se burla, acaso con mayor crueldad, por la inelegancia, la hinchazón, la tosquedad o la indignidad de lo atacado, y por detrás de su sátira hay un escepticismo absoluto.

Como dechado de su sátira están los ataques contra Alejandro de Abonuteico (en el Ponto), un supuesto profeta que hacía uso de una serpiente sagrada para sus adivinaciones. Luciano cuenta que tal hombre incluso fundó un nuevo culto mistérico y que ganó la simpatía del mismo emperador Marco Aurelio. Sus textos también dan cuenta del odio y repulsión que generaban los cristianos en su época, como cuando relata la vida y muerte de algunos adeptos a esta nueva religión de su época.

Influencia posterior

Ya en su misma época empezó a ser imitado (por el platonizante Celso, por ejemplo), pero su revalorización tuvo que esperar al Renacimiento. Ya en el siglo XV tuvo un importante seguidor, como fue León Battista Alberti en su Momus sive de principe (1450), pero su influjo se notó sobre todo durante el siglo XVI: Erasmo de Rotterdam en susColoquios (1517), François Rabelais en su Pantagruel (1532) y Gargantúa (1534) y Bonaventure des Périers en su Cymbalum mundi (1537); lo leyeron también Maquiavelo y Roïdis. En castellano hay huellas de su obra en los hermanos Juan y Alfonso de Valdés, este último en su Diálogo de Mercurio y Carón, así como en Cristóbal de Villalón (El Crotalón). Ya en el siglo XVII hay huellas de Luciano en Mateo Alemán, Miguel de Cervantes lo utiliza como modelo para su Coloquio de los perros y Francisco de Quevedo se inspira en él para componer sus Sueños; también Diego Saavedra Fajardo utiliza la sátira lucianesca en algunos de sus diálogos de tema político. En el resto de Europa no fue su prestigio menor: le imitaron Swift(Viajes de Gulliver), Bergerac (Viaje a la luna), Bernard le Bovier de Fontenelle y, sobre todo, Voltaire, un espíritu muy afin al suyo.


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