martes, 30 de junio de 2026

304. Pedagogía del dolor inocente (P. Carlo Gnocchi)

 

Es un libro que da mucha consolación ante la desolación del dolor que padecen los niños en todas sus formas. El P. Carlo Gnocchi lo escribió pensando en los niños que padecieron la guerra en los alpes italianos, llamándolos "los mutiladitos", pero se puede aplicar a todo dolor del niño.

El P. Carlo Gnocchi señala que «La pedagogía cristiana del dolor tiende ante todo a enseñar prácticamente a los niños que no hay que guardar el dolor para uno mismo, sino que es necesario regalarlo a los demás, y que el dolor tiene una gran poder sobre el corazón de Dios, del cual es necesario aprovecharse para provecho de muchos (y esto atendiendo a los prinicipios anteriormente señalados, según los cuales el dolor no ha sido dado al niño como consecuencia de sus responsabilidades personales y que su valor impetratrorio es sumamente grande a los ojos de Dios).»

«Se trata, por tanto, de una obra de estimación y de despersonalización del dolor*, a la que no es dificil llegar si se habitúa al niño a dirigir su pena o su renuncia hacia objetivos concretos, como son los que se ofrecen cada día a su sesnsibilidad (por la curaación de una persona querida, por los misioneros que están en tierras lejanas, por la conversión de su papá, por un compañero pobre, para obtener una gracia importante, para que termine una guerra, por el Papa, por un condenado, por un asesino del que habla en los periódicos, etc.)»

«El secreto está en que se trate de motivos vivos y reales, concretos y de interés inmediato para un niño».

* Nota del editor: El sentido que el autor quiere dar al término "despersonalización" es el de "quitarle el carácter personal", o sea, hacer comprender al niño (y al inocente en general) que su dolor no tiene relación única con sus pecados personales sino que cumple una función "vicaria": cargar con los pecados de otros y purificarlos con sus sufrimientos, como Cristo mismo hizo por todos nosotros.

«El motivo más alto y más noble, la meta más sublime y sublimadora a la que hay que conducir el dolor del niño, como todo otro dolor, es ciertamente Jesucristo crucificado».

«Cuando un niño haya llegado a comprender la semejanza que existe entre su dolor y el de Cristo, la belleza que él puede darle a todo su sufrimiento, tanto para sí mismo como para los demás, al insertarlo en el dolor de Cristo, y el deber que él tiene de imitar el comportamiento y los sentimientos de Jesús en los momentos del dolor, habrá tocado el centro más profundo y más inexplorado, el más original y operante de todo el cristianismo, el "punto virginal" - en expresión de Gratry- de la doctrina de Cristo».

El autor también señala que «la batalla contra el dolor, sobre todo en los niños, es un complemento de la generación humana y una reparación a las fallas que a ella aporta la culpa original y por la consecuente incapacidad vital humana. Me explico, por la ley de Adán, cada hombre engendra, pone involuntaria y dolorosamente en las carnes de sus propios hijos la fuente amarga del sufrimiento, de la pena y del dolor. Por lo tanto, al combatir y vencer en ellos el dolor, restituyéndoles el gozo de la niñez y una mayor capacidad de vida comprometida por las limitaciones de la enfermedad, de la invalidez y del sufrimiento, producto de la culpa original y algunas veces también por la culpa personales de los padres, nosotros reparamos las deficiencias de la primera generación y fatigosamente reconstruimos su plenitud».

«La lucha contra el dolor no es sin embargo solamente un complemento de la generación humana sino también un complemento de la redención cristiana».

domingo, 28 de junio de 2026

303. ¿Dios existe? Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) y Paolo Flores d'Arcais (2008) (relectura)

 


El libro fundamentalmente recoge el debate del año 2000 que da título al libro entre el P. Joseph Ratzinger, en ese entonces cardenal y Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (actualmente Dicasterio para la Doctrina de la Fe) y Paolo Flores d'Arcais, filósofo y ateo.

El texto del debate está precedido por un artículo breve de Benedicto XVI sobre «La pretensión de la verdad puesta en duda» y seguido de un artículo extenso de Paolo Flores titulado «Ateísmo y verdad».

Como lector católico, recomiendo leer tanto el artículo de Benedicto XVI como su participación en el debate por cuanto arroja mucha luz para la comprensión entre la relación de fe y razón. 

Asimismo, no recomiendo la lectura del artículo del ateo Paolo Flores, por cuanto, sus argumentos están fuera de la fe católica y, a mi parecer, llena de errores.

Resaltaré algunos pasajes de los aportes de Benedicto XVI. Él señala que «el cristianismo se entendió como un triunfo de la desmitologización, como un triunfo del conocimiento, y con ello, de la verdad». Asimismo, añade que «la convicción de que el cristianismo era filosofía, la filosofía perfecta, es decir, la filosofía que llega hasta la verdad, se mantuvo vigente más allá de los tiempos de los Padres...Ciertamente, la filosofía no se entendía entonces como una disciplina académica puramente teórica, sino también, y ante todo, desde una perspectiva práctica, como el arte de vivir y morir rectamente al que solo se puede llegar a la luz de la verdad». Además, sostiene que «La unión de racionalismo y fe que se produjo en el desarrollo de la misión cristiana y en la construcción de la teología cristiana introdujo también cambios decisivos en la imagen filosófica de Dios, entre los que cabe destacar dos en particular. El primero consiste en que el Dios en el que creen los cristianos y al que veneran es, a diferencia de los dioses míticos y políticos, verdaderamente natura Deus; en esto coincide con el racionalismo filosófico. Pero a la vez también resulta válido otro aspecto: non lamen omnis natura est Deus, «no todo lo que es naturaleza es Dios». Dios es Dios por su naturaleza, pero la naturaleza como tal no es Dios. Existe una separación entre la naturaleza universal y el ser que la fundamenta, que le da origen. Entonces se separan claramente física y metafísica. Solo se venera al Dios verdadero, al que podemos reconocer en la naturaleza a través del pensamiento. Pero Él es más que naturaleza.»

Benedicto XVI sintetiza «Simplificando, podríamos decir que el cristianismo convenció por la unión de la fe con la razón y por la orientación de la actuación hacia la caritas a la ayuda con amor a los que sufren, a los pobres y a los débiles, por encima de todo límite de condición. La fuerza que llevó al cristianismo a convertirse en religión universal radicaba en su síntesis de razón, fe y vida; precisamente esta síntesis queda concretada en la expresión de religio vera.»

En relación al debate, cito algunas frases de Benedicto XVI:

«Lo que caracteriza al cristianismo es que Pablo repite constantemente: no es simplemente la fe en un Dios único, es la fe en Jesucristo muerto y «resucitado»».

«La primera cuestión es que san Pablo está convencido de que la fe cristiana apela a la razón, pero también está convencido de que va más allá de las cosas evidentes para la razón porque, así entiendo yo a san Pablo, está en juego el amor, el amor que no es antirracional, sino que excede de mucho a la razón. 

Ese es el Dios que es logos, como dice después san Juan, que es la razón creadora, que es palabra -porque logos no es simplemente razón, sino que es una razón que ya habla, es decir, un relacionarse, un acercarse, y en ello tenemos ya una renovación del concepto de razón que va más allá de la pura matemática, de la pura geometría del ser -y que no obstante es logos, y también hablando y también yendo más allá de esa pura matemática, sigue siendo logos a pesar de todo, es decir, razonable ... pero lo que aquí se anuncia es el hecho de que este logos es amor -se aproxima- y ese amor efectivamente realiza cosas locas. Porque parece absurdo que un Dios, desde su condición de eterna felicidad, se ponga en juego por esa diminuta criatura que es el hombre, se ponga en juego en este mundo hasta la muerte. Eso en realidad contrasta con el concepto puramente filosófico de Dios, y Pablo es bien consciente de ese contraste, pero nos da a entender que, en resumidas cuentas, la libertad y la grandeza más elevada de la razón es ser también amor, y por tanto sobrepasar el límite que nuestra especulación filosófica podría determinar para esa divinidad. Y una cosa más: me parece muy significativo que los primeros dos, tres, cuatro siglos del cristianismo, en la búsqueda de una conexión con la cultura circunstante, nunca se conectaron con las religiones, no se veían en relación con aquellas religiones, sino que decían: nuestra religión es la continuación y la culminación de las filosofías de la época -y también una superación de las filosofías-. Ven en la filosofía la pre-presencia de Cristo, del logos en el mundo. 

Y así la autodefinición de esas primeras generaciones fue precisamente esa: no somos una religión como tantas, tenemos los mismos derechos que las demás religiones, pero nosotros somos la continuación del pensamiento humano que ha criticado las religiones, del pensamiento que ya había encontrado una pista de Dios, pero que únicamente con sus fuerzas no podía identificarlo realmente. Y la novedad del cristianismo, según estos padres, es que ese mismo Dios oculto, presentido, después se manifiesta, y naturalmente sobrepasa radicalmente todo lo que se podía «saber», y a pesar de ello se demuestra en unidad con esa búsqueda humana.»

En el 2022 escribí las primeras notas de este libro, se puede ver en este enlace: https://epsilon-literario.blogspot.com/2022/12/dios-existe-joseph-ratzinger-y-paolo.html. 

viernes, 24 de abril de 2026

302. Santa Gema Galgani. Biografía breve (P. Basilio de San Pablo)


 El once de abril, día de Santa Gemma Galgani, presté atención a su fotografía. Mirándola me preguntaba cómo hubo de haber sido su vida para estar en los altares. Es así que me puse a buscar algún libro sobre su vida y encontré uno, que es el que voy a comentar.

Como lo señala claramente el subtítulo del libro, el libro es una biografía breve de Santa Gemma Galgani. Se divide en diecisiete cortos capítulos. El libro recoge apuntes del padre Germán de San Stanislao y fragmentos de los escritos de la misma santa.

Gemma Galgani nació el 13 de marzo de 1878 en Italia y murió el 11 de abril de 1903, apenas a los 25 años. Sus padres fueron Aurelia Landi y el farmacéutico Enrique Galgani. Santa Gemma Galgani fue la última de cinco hijos. Sus hermanos fueron Carlos, Guido, Héctor y Luis. 

Su madre Aurelia siempre deseó una niña y que llegara a ser santa.

Tras el nacimiento de santa Gemma, la familia se traslada a la ciudad de Lucca en Italia, lugar donde la santa pasó el resto de sus días. 

Cuando aún era una niña, queda huérfana al morir su madre. Antes de morir su madre le hizo prometer a Gemma que llegara a ser santa y que se portara bien con sus hermanos y ame mucho a Jesús para llegar al cielo.

"–¿Por qué lloras, mamá?
–Porque me da mucha pena tener que dejarte con papá y tus hermanitos cuando me vaya al cielo.
–¡El cielo! ¿Donde está Papá Dios, Jesús, la Mamá del cielo, los angelitos y los niños buenos?
–Sí.
–Mamá, yo quiero ir contigo al cielo.
–Para ir al cielo tienes que ser muy buena: no tener las rabietas que tienes con tus hermanitos; aplicarte más en el Jardín de la Infancia; querer mucho a Jesús; no olvidarte nunca de las tres Avemarías a la Inmaculada que te tengo recomendadas, para que ellas te ayuden a conservar la santa pureza. No olvides nunca que yo pedí a Jesús una niña santa. Esa niña eres tú. Así que, sin falta, tienes que ser santa.
–Sí, mamá, te lo prometo de verdad: seré santa."
...
"Gema ya tiene siete años. Sus primeras letras las ha aprendido en el Jardín de la Infancia. También ha recibido lecciones particulares en su casa. Está ya suficientemente preparada para recibir el sacramento de la Confirmación. Se lo conferirá el arzobispo de la ciudad el 26 de mayo de 1885.
Le acompaña en la ceremonia el vivo sentimiento de lo malita que está su madre. Acude a desahogarse ante el altar de María. Antes de que aflore a sus labios una oración, escucha que la Virgen le dice:
–Gema, ¿quieres darme a tu mamá?
–Sí, pero llévame con ella.
–No, todavía es pronto para ti.
–¿Y por qué es pronto?
–Porque tienes que quedarte con papá y con tus hermanitos. ¿Me das ya de buena gana a tu mamá para que la lleve al cielo?
–Sí te la doy, pero no dejes de llevarme con ella.
Esta es al parecer la primera locución de María con Gema."

Al llegar a la edad adulta, queda huérfana de padre y tiene que ser acogida por unos parientes. Gemma ya vivía con el ferviente deseo de ir al cielo y vivir a imitación de Cristo. Rechaza toda intención de parte de su tío de comprometerse con algún joven para un futuro matrimonio. Su deseo era ingresar al convento, pero fue rechazada en varias oportunidades. Gemma Galgani había hecho votos de castidad.

El camino de santidad de santa Gemma Galgani estuvo marcada por el sufrimiento. Desde muy jovencita tuvo dolores insoportables pero los ofreció a Jesús por el gran amor que le tenía. Asimismo su vida mística estuvo marcada por frecuentes diálogos con su ángel de la guarda, con san Gabriel de la Dolorosa y con Jesús mismo. También tuvo conversaciones místicas con la Virgen María y con el angel de la guarda del padre Germán de San Stanislao.

Santa Gemma Galgani recibió las cinco llagas de Jesús mediante estigmas en manos, pies y costado del cuerpo. Además eligió recibir de manera mística una corona de espinas a imitación de Jesús, por ello también sangraba su cabeza. Tenía una intensa vida de oración y un combate feroz contra el demonio que le llegó en varias ocasiones a golpear, jalar de los cabellos y hacerle trampas como el tratar de quemar sus cartas. 

Se identificó mucho con la espiritualidad de los Pasionistas (congregación religiosa católica fundada por San Pablo de la Cruz en 1720, cuyo carisma principal es promover la memoria de la Pasión de Jesucristo como máxima expresión del amor de Dios). El mismo san Gabriel de la Dolorosa, que fue un pasionista, en una conversación mística le dijo "hermana", " hermana". Santa Gemma deseaba que se fundara en Lucca un convento de los pasionistas. No pudo ver su deseo realizado en vida pero en octubre de 1903, el papa Pío XI dió la autorización. 

Santa Gemma Galgani murió un sábado santo del 11 de abril de 1903. El 14 de mayo de 1933 fue declarada beata por el papa Pío XI y el 02 de mayo de 1940 fue proclamada santa por el papa Pío XII.

Santa Gemma Galgani, ruega por nosotros.

Convento de los pasionistas en Lucca
Convento de pasionistas de Lucca 


Nota:
Puedes encontrar mucha información de Santa Gemma Galgani en el siguiente sitio web: Santa Gemma Galgani 

domingo, 5 de abril de 2026

301. La práctica de la presencia de Dios (Hermano Lorenzo)

 


El prefacio señala:

"Hace más de 300 años, en un monasterio de Francia, un hombre descubrió el secreto para vivir una vida de gozo. A la edad de dieciocho años, Nicolás Herman vislumbró el poder y la providencia de Dios por medio de una simple lección que recibió de la naturaleza. Pasó los siguientes dieciocho años en el ejército y en el servicio público. Finalmente, experimentando la “turbación de espíritu” que con frecuencia se produce en la mediana edad, entró en un monasterio, donde llegó a ser el cocinero y el fabricante de sandalias para su comunidad. Pero lo más importante, comenzó allí un viaje de 30 años que le llevó a descubrir una manera simple de vivir gozosamente. En tiempos tan difíciles como los actuales,
Nicolás Herman, conocido como el Hermano Lorenzo, descubrió y puso en práctica una manera pura y simple de andar continuamente en la presencia de Dios. El Hermano Lorenzo era un hombre gentil y de un espíritu alegre, rehuía ser el centro de la atención, sabiendo que los entretenimientos externos “estropean todo”. Recién después de su muerte fueron recopiladas unas pocas de sus cartas. Fray José de Beaufort, representante del arzobispado local, ajuntó estas cartas con los recuerdos que tenía de cuatro conversaciones que sostuvo con el Hermano Lorenzo, y publicó un pequeño libro titulado La Práctica de la Presencia de Dios. En este libro, el Hermano Lorenzo explica, simple y bellamente, cómo caminar continuamente con Dios, con una actitud que no nace de la cabeza sino del corazón. El Hermano Lorenzo nos legó una manera de vivir que está a disposición de todos los que buscan conocer la paz y la presencia de Dios, de modo que cualquiera, independientemente de su edad o las circunstancias por las que atraviesa, pueda practicarla en cualquier lugar y en cualquier momento. Una de las cosas hermosas con respecto a La Práctica de la Presencia de Dios es que se trata de un método completo. En cuatro conversaciones y quince cartas,
muchas de las cuales fueron escritas a una monja amiga del Hermano Lorenzo, encontramos una manera directa de vivir en la presencia de Dios, que hoy, trescientos años después, sigue siendo práctica".


Asimismo, la sede web de Vatican News ha publicado la introducción del Papa León XIV al libro "La práctica de la presencia de Dios", en la nueva edición de la Librería Editora Vaticana, que salió a la venta el 19 de diciembre de 2025, a continuación la transcripción de la misma:


"León XIV

Este pequeño libro se centra en la experiencia, o mejor dicho, en la práctica de la presencia de Dios, tal y como la experimentó y enseñó el fraile carmelita Lorenzo de la Resurrección, que vivió en el siglo XVII. Como ya he dicho, junto con los escritos de San Agustín y otros libros, este es uno de los textos que más han marcado mi vida espiritual y me han formado en lo que puede ser el camino para conocer y amar al Señor.

El camino que fray Lorenzo nos indica es sencillo y arduo al mismo tiempo: sencillo porque no requiere más que recordar constantemente a Dios, con pequeños actos continuos de alabanza, oración, súplica, adoración, en cada acción y en cada pensamiento, teniendo como horizonte, fuente y fin solo a Él. Ardua, porque exige un camino de purificación, de ascetismo, de renuncia y de conversión de lo más íntimo de nosotros mismos, de nuestra mente y de nuestros pensamientos, mucho más que de nuestras acciones. Es lo que ya escribía san Pablo a los fieles de Filipos: «Tened en vosotros los mismos sentimientos que Cristo Jesús» (Flp 2,5): por lo tanto, no solo hay que uniformar con Dios las actitudes y los comportamientos, sino también nuestros sentimientos, nuestro propio sentir. En esta interioridad encontramos su presencia, la presencia amorosa y ardiente de Dios, tan «otra» y, sin embargo, tan familiar a nuestro corazón. Como escribe san Agustín, «el hombre nuevo cantará el cántico nuevo» (Discursos 34,1).

La experiencia de unión con Dios, descrita en las páginas de fray Lorenzo como una relación personal hecha de encuentros y conversaciones, de ocultamientos y sorpresas, de abandono confiado y total, recuerda las experiencias de los grandes místicos, en primer lugar Teresa de Ávila, que también había dado testimonio de esta familiaridad con el Señor hasta el punto de hablar de un «Dios de las ollas». Sin embargo, indica un camino practicable por todos, precisamente porque es sencillo y cotidiano.

Como muchos místicos, fray Lorenzo habla con gran humildad, pero también con humor, porque sabe bien que todo lo terrenal, incluso lo más grandioso y dramático, es muy pequeño ante el amor infinito del Señor. Así, puede decir irónicamente que Dios lo ha «engañado», porque él, que entró quizás un poco presuntuosamente en el monasterio para sacrificarse y expiar duramente sus pecados de juventud, encontró en cambio una vida llena de alegría.

A través del camino que fray Lorenzo nos propone, a medida que la presencia de Dios se vuelve familiar y ocupa nuestro espacio interior, crece la alegría de estar con Él, florecen las gracias y las riquezas espirituales, e incluso las tareas cotidianas se vuelven fáciles y ligeras.

Los escritos y testimonios de este converso carmelita del siglo XVII, que atravesó con fe luminosa los turbulentos acontecimientos de su siglo, sin duda menos violento que el nuestro, pueden ser de inspiración y ayuda también para la vida de nosotros, hombres y mujeres del tercer milenio. Nos muestran que no hay circunstancia que pueda separarnos de Dios, que cada una de nuestras acciones, cada una de nuestras ocupaciones e incluso cada uno de nuestros errores adquieren un valor infinito si se viven en presencia de Dios, continuamente ofrecidos a Él.

Toda la ética cristiana puede resumirse realmente en este recordar continuamente que Dios está presente: Él está aquí. Esta memoria, que es algo más que un simple recuerdo, porque involucra nuestros sentimientos y afectos, supera todo moralismo y toda reducción del Evangelio a un mero conjunto de reglas, y nos muestra que, realmente, como Jesús nos prometió, la experiencia de la confianza en Dios Padre ya nos da el ciento por uno aquí abajo. Confiar en la presencia de Dios significa saborear un anticipo del Paraíso"(1).


(1)  https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2025-12/leon-xiv-fray-lorenzo-nos-ensena-la-alegria-de-vivir-cada-dia.html 

domingo, 1 de febrero de 2026

300. Miguel Magone. Jefe de una pandilla. (P. Vicente Santilli)

 

Es la historia de una conversión de un jovencito jefe de una pandilla que, gracias a la inmensa caridad de Don Bosco, obró Dios y la Virgen María para la salvación de su alma.  Un buen día Don Bosco, bajando del tren por un breve momento, va directamente ante un grupo de niños pandilleros. Todos huyen cuando lo ven acercarse, menos el jefe de la pandilla, Miguel Magone, quien le planta cara y le pide explicaciones. Don Bosco le trata como "su querido amigo" y con una bondad y profundidad que solo Don Bosco podía al tratarse con los niños y jóvenes, siembra en el corazón de Miguel la posibilidad de cambiar su vida para mejor. Don Bosco le deja en su mano una medalla de la Virgen y le dice que vaya al día siguiente a ver al párroco. Luego se despide porque el tren empezaba a continuar su viaje. Miguel Magone no se enteró de su nombre en ese primer encuentro pero tras mucha reflexión hizo lo que le pidió y por obra de la Providencia su vida poco a poco fue cambiando tras su ingreso al oratorio de Turín donde Don Bosco era el Padre de muchos niños y jóvenes como él. Es un libro cautivador y una lección de caridad con el prójimo por amor a Dios.