El libro fundamentalmente recoge el debate del año 2000 que da título al libro entre el P. Joseph Ratzinger, en ese entonces cardenal y Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (actualmente Dicasterio para la Doctrina de la Fe) y Paolo Flores d'Arcais, filósofo y ateo.
El texto del debate está precedido por un artículo breve de Benedicto XVI sobre «La pretensión de la verdad puesta en duda» y seguido de un artículo extenso de Paolo Flores titulado «Ateísmo y verdad».
Como lector católico, recomiendo leer tanto el artículo de Benedicto XVI como su participación en el debate por cuanto arroja mucha luz para la comprensión entre la relación de fe y razón.
Asimismo, no recomiendo la lectura del artículo del ateo Paolo Flores, por cuanto, sus argumentos están fuera de la fe católica y, a mi parecer, llena de errores.
Resaltaré algunos pasajes de los aportes de Benedicto XVI. Él señala que «el cristianismo se entendió como un triunfo de la desmitologización, como un triunfo del conocimiento, y con ello, de la verdad». Asimismo, añade que «la convicción de que el cristianismo era filosofía, la filosofía perfecta, es decir, la filosofía que llega hasta la verdad, se mantuvo vigente más allá de los tiempos de los Padres...Ciertamente, la filosofía no se entendía entonces como una disciplina académica puramente teórica, sino también, y ante todo, desde una perspectiva práctica, como el arte de vivir y morir rectamente al que solo se puede llegar a la luz de la verdad». Además, sostiene que «La unión de racionalismo y fe que se produjo en el desarrollo de la misión cristiana y en la construcción de la teología cristiana introdujo también cambios decisivos en la imagen filosófica de Dios, entre los que cabe destacar dos en particular. El primero consiste en que el Dios en el que creen los cristianos y al que veneran es, a diferencia de los dioses míticos y políticos, verdaderamente natura Deus; en esto coincide con el racionalismo filosófico. Pero a la vez también resulta válido otro aspecto: non lamen omnis natura est Deus, «no todo lo que es naturaleza es Dios». Dios es Dios por su naturaleza, pero la naturaleza como tal no es Dios. Existe una separación entre la naturaleza universal y el ser que la fundamenta, que le da origen. Entonces se separan claramente física y metafísica. Solo se venera al Dios verdadero, al que podemos reconocer en la naturaleza a través del pensamiento. Pero Él es más que naturaleza.»
Benedicto XVI sintetiza «Simplificando, podríamos decir que el cristianismo convenció por la unión de la fe con la razón y por la orientación de la actuación hacia la caritas a la ayuda con amor a los que sufren, a los pobres y a los débiles, por encima de todo límite de condición. La fuerza que llevó al cristianismo a convertirse en religión universal radicaba en su síntesis de razón, fe y vida; precisamente esta síntesis queda concretada en la expresión de religio vera.»
En relación al debate, cito algunas frases de Benedicto XVI:
«Lo que caracteriza al cristianismo es que Pablo repite constantemente: no es simplemente la fe en un Dios único, es la fe en Jesucristo muerto y «resucitado»».
«La primera cuestión es que san Pablo está convencido de que la fe cristiana apela a la razón, pero también está convencido de que va más allá de las cosas evidentes para la razón porque, así entiendo yo a san Pablo, está en juego el amor, el amor que no es antirracional, sino que excede de mucho a la razón.
Ese es el Dios que es logos, como dice después san Juan, que es la razón creadora, que es palabra -porque logos no es simplemente razón, sino que es una razón que ya habla, es decir, un relacionarse, un acercarse, y en ello tenemos ya una renovación del concepto de razón que va más allá de la pura matemática, de la pura geometría del ser -y que no obstante es logos, y también hablando y también yendo más allá de esa pura matemática, sigue siendo logos a pesar de todo, es decir, razonable ... pero lo que aquí se anuncia es el hecho de que este logos es amor -se aproxima- y ese amor efectivamente realiza cosas locas. Porque parece absurdo que un Dios, desde su condición de eterna felicidad, se ponga en juego por esa diminuta criatura que es el hombre, se ponga en juego en este mundo hasta la muerte. Eso en realidad contrasta con el concepto puramente filosófico de Dios, y Pablo es bien consciente de ese contraste, pero nos da a entender que, en resumidas cuentas, la libertad y la grandeza más elevada de la razón es ser también amor, y por tanto sobrepasar el límite que nuestra especulación filosófica podría determinar para esa divinidad. Y una cosa más: me parece muy significativo que los primeros dos, tres, cuatro siglos del cristianismo, en la búsqueda de una conexión con la cultura circunstante, nunca se conectaron con las religiones, no se veían en relación con aquellas religiones, sino que decían: nuestra religión es la continuación y la culminación de las filosofías de la época -y también una superación de las filosofías-. Ven en la filosofía la pre-presencia de Cristo, del logos en el mundo.
Y así la autodefinición de esas primeras generaciones fue precisamente esa: no somos una religión como tantas, tenemos los mismos derechos que las demás religiones, pero nosotros somos la continuación del pensamiento humano que ha criticado las religiones, del pensamiento que ya había encontrado una pista de Dios, pero que únicamente con sus fuerzas no podía identificarlo realmente. Y la novedad del cristianismo, según estos padres, es que ese mismo Dios oculto, presentido, después se manifiesta, y naturalmente sobrepasa radicalmente todo lo que se podía «saber», y a pesar de ello se demuestra en unidad con esa búsqueda humana.»
En el 2022 escribí las primeras notas de este libro, se puede ver en este enlace: https://epsilon-literario.blogspot.com/2022/12/dios-existe-joseph-ratzinger-y-paolo.html.





