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martes, 15 de abril de 2014

Una espeluznante visita

Acabo de parir un nuevo relato con motivo de participar en el taller de literautas. La idea es que el texto no supere las 750 palabras, que tenga una introducción, un nudo y su desenlace. Asimismo, debe aparecer un castillo y contener la frase "se acabó el juego". Bien, al inicio tenía ideas vagas sobre qué escribir, pero luego hilé la historia movido por una marcada influencia de mis últimas lecturas y he querido exponer el tema faustico. Sin mis lecturas previas no hubiera ideado este pequeño relato. 

Aquí está entonces:

Una espeluznante visita


Era una noche fría de abril. Desde el cuarto piso de un edificio cualquiera, un hombre acababa de entrar a su habitación luego de dar las buenas noches a su esposa e hija. Cerró su puerta, silenciosamente, y apagó las luces. A través de la amplia ventana se observaba la calle con sus dos autopistas de sentidos contrarios sobre las que de cuando en cuando algún auto pasaba a toda velocidad. La luna llena iluminaba tímidamente un pedazo de la cama donde descansaba una edición antigua de la biblia.


De pronto, se oyó una voz que dijo - Tardaste en entrar, amiguito. ¿No sabes que no dispongo de mucho tiempo? Era una voz con un tono de sarcasmo muy evidente, hablaba bajo pero claramente.
El hombre, quien acababa de entrar a su habitación, se quedó paralizado mientras un frío estremecimiento le recorrió por la columna vertebral. Hace unos instantes acababa de ver dormir a su esposa e hija en el cuarto adyacente y decirse a sí mismo, con franca alegría, lo afortunado que era de tener una familia. Ahora, de pronto, una extraña voz invadía su ser y le hacía recordar que su destino ya se encontraba escrito.
Aurelio Díaz, ese era su nombre, presa de espanto, preferido pactar con el demonio en contra de seguir a Dios. Era el sexto hombre quien hacía un pacto con el maligno, desde principios de año.
-          Acuéstate – volvió a hablar el demonio- y cierra de tus ojos. Esta noche, a través de un mágico sueño, te llevaré a un castillo celta de la edad media. Sé que allí podrás encontrar hermosas mujeres, como las que no encuentras aquí.
Aurelio no hizo más que obedecer no tanto por miedo sino por curiosidad, el “viajar” a la edad media era algo que le había fascinado siempre, y tan pronto se puso horizontal cayó en un sueño profundo.
El viaje imaginario de aquél hombre lo situó en Irlanda del Norte, 700 años antes de la era actual. Había llegado al pueblo de Neftos, capital de uno de los cuatro reinos del norte. El reino se diferenciaba de los demás por la imponente presencia de su castillo. Construido en la cima de una colina hecho de piedra sagrada. Cuatro poderosas torres formando un cuadrado imaginario defendían la fortaleza.

Aurelio, para su sorpresa iba vestido majestuosamente, llevaba puesto una capa rojiza y una gran corona dorada con brocados de rubíes. No cayó en la cuenta del papel que desempañaba en ese mundo sino hasta cuando desde el otro extremo de la amplia sala real apareció un hombre rechoncho agitado gritando:
 -¡Su majestad! ¡El pueblo se ha rebelado! ¡Vienen de todas partes con teas, palos, y toda clase armas! – gritaba desesperado el hombrecillo.
Aurelio no supo qué decir. Lo único que fue capaz de hacer fue levantarse de su trono y dirigirse, trémulo, al balcón. De pronto, él mismo confirmó las palabras de su vasallo. En lontananza se veía una gran masa armada que se aproximaba con rapidez. Un frío sudor recorrió sus sienes… Mientras contemplaba con horror a la masa que se acercaba, recordó la historia que el diablo le había contado hace un tiempo atrás.  La historia trataba sobre el último enfrentamiento de un rey. La muerte misma se le había aparecido mientras agonizaba presa de una infección que le necrosaba la pierna. Aurelio sabía cómo había acabado esa historia. Sabía que su pueblo se reveló y que cuatro demonios llegaron a su lecho para llevárselo al infierno. Hubo un silencio y luego Aurelio dijo con voz queda: -Lo que vivo ahora es muy parecido a esa historia. La diferencia es que estoy en un sueño.
Inesperadamente, una carcajada horrible le interrumpió de su ensimismamiento. Al darse vuelta, Aurelio, vio espeluznado al viejo vasallo transformándose en un espectro negro y deforme, hablando así:
-Camarada, me llama la atención que aún no te hayas dado cuenta que este castillo será tu tumba. El juego ha terminado amiguito y tú serás un alma más que me servirá mientras duren las tinieblas. La historia que te había contado era, en realidad, una aproximación a tu misma muerte. De este sueño despertarás en el abismo. – dijo con elocuencia y soberbia el terrible espectro.
Aurelio, demasiado tarde, lo comprendía todo ahora, había conseguido ser feliz, al obtener una familia, pero al precio de su alma.
……….
Al día siguiente muy temprano, su esposa cayó en la locura al encontrar el cuerpo desmembrado de su esposo en todo su cuarto.


jueves, 13 de febrero de 2014

La Muerte del rey, ejercicio de escritura...


Acabo de participar en este taller, el tema es complicado, pero algo he podido idear.



La Muerte del rey

El rey yacía acostado sobre su lecho, vestido majestuosamente, era de noche y apenas un candil iluminaba su oscura habitación. El rostro se encontraba empapado de un frío sudor. Luego de pacificar a todo su reino y de librar innumerables batallas colosales, el rey afrontaba su último enfrentamiento.
Una infección profunda le carcomía por dentro, la fiebre le nublaba la razón, millones de bacterias se alimentaban sin control de sus carnes infectas mientras todo el sistema inmune movilizaba los ejércitos de células blancas liberando las más sofisticadas armas que la biología ha concedido. Neutrófilos, macrófagos eran los principales guerreros del rey a su interior, el campo de batalla era el tejido del interior de su pierna. El rey se retorcía pero se animaba esperando alguna posibilidad de curación. Su cuidadora había salido a conseguir más miel para su recuperación.
La guerra más terrible sucedía en su propio cuerpo, y él, rey de un vasto territorio solo podía soportar la lucha con fortaleza, sus células blancas hacían su esfuerzo, pero las bacterias por su naturaleza intrínseca se dividían rápidamente y cada vez más colonizaban su interior.
Con la visión alterada, el rey contemplaba su amplia habitación, la puerta que daba al balcón permanecía abierta para el ingreso de aire fresco, era noche de luna llena y el  viento empujaba la cortina haciéndole bailar una danza que enloquecía al rey.
Inesperadamente, una figura se adentró a su habitación, era de forma humana, toda de negro, pero pareciera que sus pies no tocaban el suelo. El rey abría y cerraba los ojos extasiados sin creer lo que estaba viendo. Después de muchos años esta figura se le volvía aparecer, esta vez más oscura y espeluznante. La negra figura le sonrió contemplándolo  y dijo:
-¿Te habías olvidado de mí, pequeño camarada? ¿Acaso, creías que no volvería a por ti luego de nuestro pacto secreto antes de que te convirtieras en rey? ¡Por mi eres un rey y por mi morirás como un perro! – dijo la Muerte llenando la habitación con una estruendosa carcajada que hacía desfallecer al rey.
El pueblo en breve se sublevará contra ti compañero, continuó la Muerte, mi socio Mefistófeles ya se encargó de esparcir tu oscuro secreto y que ahora sí no te dejará ir como lo hizo con tu padre, que en el último momento fue salvado por ese viejo celestial y sus ángeles.
El rey apenas abría sus ojos, se encontraba resignado a la muerte ahora, recordaba claramente el pacto hecho con Mefistófeles, quería repetir lo que hizo su padre y su ambición por el poder le llevó a tal extremo, pero nuevamente este mismo poder conquistado cegó su mente y corrompió su entelequia. El rey se había enterado de esta historia por Wagner, sus libros y algunas cartas de su madre Margaret.
Ahora todo iba concluyendo, la cuidadora, su hija querida, fue capturada por insurgentes, el pueblo se armaba de teas para incendiar el castillo. Como las bacterias que penetraban cada una de sus fibras así el pueblo se apresuraba adentrarse en el castillo, habían derribado el portón y con antorchas en las manos buscaban al rey execrando todo tipo de improperios.
A la Muerte se juntaron tres demonios: Mefistófeles, Belcebú y Lucifer. Los cuatro se acercaron más y más al lecho del rey con aspectos macabros, el ejército blanco había sido devastado, la infección se generalizaba a sepsis y ahora en shock séptico, su corazón no resistiría más tiempo.
La puerta del cuarto se abría de un fragoroso golpe y el pueblo enardecido, al notar el lecho del rey se precipitó hacia él.
Los cuatro caballeros del infierno, le sonrieron por última vez. El rey acababa de expirar.